Historias de lo oculto
Historias de lo oculto Se volvió súbitamente hacia las tres mujeres, borrosas tras retroceder detrás de las velas, que ahora revoloteaban, con las formas blancas de sus cofias, entre él y la nada. Los ojos de Matthew brillaban, y descubrió los dientes.
—¡Mea culpa! ¡Mea culpa! —gruñó.
—¡Macchè! —exclamó la madre superiora, acobardada, y sus manos se separaron, y luego volvieron a juntarse, entre las frondas de sus mangas, como dos pájaros anidando juntos.
Matthew bajó la cabeza y miró a su alrededor, dispuesto a fugarse. La madre superiora, al fondo, entonó dulcemente un padrenuestro, y las cuentas de su rosario se balancearon. La joven monja pálida se deslizó más al fondo. Pero los ojos negros de la monja robusta y ominosa centelleaban como estrellas eternamente jocosas, y él se dio cuenta de que la sonrisa volvÃa a hurgar en sus costillas.
—¡Oh! —dijo a las mujeres, en tono de reconvención—. Me siento terriblemente trastornado. Será mejor que me vaya.