A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido Lo Primero que aprendemos es que la muerte no es el fin de la vida, como ignorantemente hemos presumido, sino meramente el paso de una etapa de vida a otra. Ya he dicho que es como el quitarse un sobretodo; pero que, después, el hombre se encuentra vestido con su acostumbrada ropa interior —el cuerpo espiritual—. Pero que, aun cuando por ser tanto más fino, San Pablo lo llamó el «espiritual», es siempre un cuerpo, y por consiguiente, material, aunque la materia de la cual se compone sea mucho más fina que cualquiera de las conocidas comúnmente por nosotros. El cuerpo físico sirve al espíritu como medio. Sin ese cuerpo como instrumento no le sería posible comunicarse con este mundo, ni recibir impresiones de él. Vemos aquí que el cuerpo espiritual sirve exactamente para el mismo propósito; el de actuar como intermediario del espíritu con el mundo superior y espiritual. Pero este mundo espiritual no es algo vago, lejano y fuera de alcance; es, sencillamente, una parte superior del mundo que actualmente habitamos.