A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido Uno de los casos más tristes de aparente pérdida, es cuando un niño deja este mundo físico, quedando sus padres sumergidos en el dolor. ¿Qué sucede a los niños en aquel mundo espiritual tan extraño y nuevo? De todos los que entran en él, son ellos, quizás, los más felices y los que más satisfechos se hallan. Recuerda que ellos no pierden a los padres, los hermanos, los compañeros de juego a quienes amaron; no hacen más que jugar con ellos durante lo que llamamos la noche en lugar del día, de modo que no sienten ni pérdida ni separación. No se les deja solos durante nuestro día, puesto que allá como acá, los niños se juntan y juegan en campos Elíseos llenos de raras delicias. Sabemos cómo goza aquí un niño «figurándose, imaginándose ser» éste u otro personaje histórico, representando el papel principal en toda clase de maravillosos cuentos de hadas o historias de aventuras. Pues en la materia más fina de este mundo superior, los pensamientos toman forma visible y el niño que se imagina un héroe cualquiera, en el acto asume temporalmente su semejanza. Si desea un castillo encantado, su pensamiento puede edificarlo. Si deseara un ejército a sus órdenes, inmediatamente aparecería dicho ejército. Así es que entre los muertos las huestes de los niños están siempre alegres, y son hasta tumultuosamente felices.