A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido Y aquellos otros niños de distinta posición, cuyos pensamientos tienden más a asuntos religiosos, tampoco dejan jamás de encontrar lo que anhelan. Porque los ángeles y santos tradicionales existen; no son meras fantasÃas piadosas; y quienes los necesitan, los que creen en ellos, son, con seguridad, hacia ellos atraÃdos, y los encuentran aun más bondadosos y más gloriosos de lo soñado. Niños hay, que quisieran encontrar a Dios mismo, a Dios en forma material; pues bien, ni estos son contrariados, puesto que aprenden de los preceptores más dulces y benignos, que todas las formas son formas de Dios, porque Él está en todas partes, y los que quieren servir y ayudar aun a la más insignificante de sus criaturas, en verdad sirven y le ayudan a Él. A los niños les encanta ser útiles; les encanta ayudar y consolar; un amplio campo se les abre para tal ayuda y consuelo entre los ignorantes en aquel mundo superior, y a medida que pasan por sus anchurosos campos, en su misión de misericordia y amor, comprenden la verdad de la hermosa enseñanza: «Porque cuanto hiciereis por uno de éstos mis hermanos, conmigo lo hicisteis».