A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido Si nos desconsolamos, si cedemos a la tristeza y la depresión, formaremos una nube negra que les oscurece a ellos el cielo. Su mismo cariño para nosotros, su misma simpatía para nosotros, les expone a esta funesta influencia. Podemos usar el poder que tal cariño nos da para ayudarles, en lugar de ponerles obstáculos, si tenemos voluntad; pero eso requiere valor y el sacrificio de sí mismo. Tenemos que olvidarnos totalmente de nosotros mismos, en el deseo sincero y amoroso de servir en cuanto sea posible a nuestros muertos. Cada pensamiento, cada sentimiento nuestro los influye; cuidemos pues, de emitir pensamiento alguno que no sea amplio y útil, noble y purificador.
Si como es probable, ellos sienten alguna ansiedad respecto de nosotros, mantengamos persistente alegría para poder asegurarles que no tienen por qué preocuparse. Si durante la vida física carecieron de conocimiento detallado y verídico acerca de la vida después de la muerte, tratemos inmediatamente de asimilar nosotros mismos tal conocimiento y llevárselo en nuestras conversaciones nocturnas con ellos; puesto que nuestros pensamientos y sentimientos se reflejan en los suyos tan fácilmente, cuidemos que siempre sean de los que elevan e inspiran.