A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido Pensarás, tal vez, que éstas son simples conjeturas; más permíteme preguntarte: ¿qué base tienes para tu actual creencia al respecto, sea cual fuere? Supones que debes tener tal creencia porque la enseña alguna Iglesia o porque se la considera fundada en lo escrito en algún libro sagrado, o porque es la creencia general de los que te rodean: la aceptada opinión de tu época. Más si procuras librar tu mente de preceptos, verás que esas opiniones también descansan en una mera afirmación, puesto que las Iglesias enseñan dogmas distintos, y las palabras del libro sagrado pueden ser y han sido interpretadas de diferentes maneras. El dogma aceptado de tu época, no se basa en conocimiento exacto alguno; es sencillamente cosa de oídas. Estos asuntos que nos afectan tan íntima y profundamente, son demasiado trascendentales para basarlos en meras conjeturas o en vagas creencias: exigen la certeza que se desprende de la investigación científica y la clasificación. Ya se ha emprendido tal investigación, se ha efectuado tal clasificación; y el resultado de una y otra es el que deseo poner ante tu vista. No pido creencia ciega alguna; relato lo que yo mismo conozco como hechos evidentes y te invito a examinarlos.