Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —¿Y entonces?
—Entonces…, eso me aburre.
Ella suspiró, y dijo:
—Siempre el mismo… No has cambiado… ¡Ah! Está bien decidido que tú no cambiarás nunca… ¿Asà pues, andas mezclado en el asunto Kesselbach?
—¡Diablos! Si no fuera asÃ, ¿cómo iba yo a molestarme en organizar contra la señora Kesselbach, a las seis de la tarde, una agresión para tener a las seis y cinco que arrancarla a las garras de mis hombres? Salvada por mÃ, ella está obligada a recibirme. Heme aquÃ, pues, en el corazón de la plaza sitiada, y al propio tiempo que protejo a la viuda, vigilo los alrededores. ¡Ah! Qué quieres, la vida que yo llevo no me permite el vagar y emplear el régimen de cuidados menudos y de entremeses. Es preciso que yo actúe con golpes de teatro, consiguiendo victorias brutales.
La anciana lo observaba con turbación y balbució:
—Ya comprendo…, ya comprendo…, todo eso son mentiras… Pero entonces…, Genoveva…