Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Todo habÃa acabado, ¿no es asÃ? —dijo Genoveva—. SÃ, ella se fue muy pronto…, en unas semanas…, y yo me quedé sola con unos vecinos que la velaban… Y una mañana se la llevaron… Y la noche de ese dÃa, mientras yo dormÃa, vino alguien que me tomó en sus brazos y me envolvió en cobertores…
—¿Un hombre? —preguntó el prÃncipe.
—SÃ, un hombre. Me hablaba muy bajo, muy despacio…, su voz me hacÃa bien…, y mientras me llevaba por la carretera y luego en un coche durante la noche, me acunaba y me contaba cuentos…, con esa misma voz…, con esa misma voz…
La joven se habÃa interrumpido poco a poco y lo miraba de nuevo, más profundamente aún y con un esfuerzo más visible, para apresar la impresión fugitiva que florecÃa en ella por instantes.
Él le dijo:
—¿Y después? ¿Adónde la llevó a usted?
—En ese punto mis recuerdos son vagos… Es como si yo hubiera dormido entonces durante varios dÃas… Vuelvo a encontrarme de nuevo solamente en el burgo de Vendée, donde pasé la segunda mitad de mi infancia, en Montégut, en casa del padre y la madre Izereau, gentes muy buenas que me alimentaron y me educaron, y cuya dedicación y ternura yo nunca olvidaré.
—¿Y éstos también murieron?