Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Mi pobre madre, en efecto, no era feliz. Mi padre habÃa muerto el mismo dÃa que yo nacà y nada pudo ya consolarla. Ella lloraba mucho. Guardo de esa época un pañuelito con el cual ella se secaba las lágrimas.
—Un pañuelito con dibujos de rosas.
—¡Cómo! —exclamó llena de sorpresa—. Usted sabe…
—Yo estaba allà un dÃa cuando usted la estaba consolando… Y usted la consolaba tan delicadamente, que la escena se quedó grabada en mi memoria.
La joven lo miró profundamente y murmuró, hablando casi para sà misma:
—SÃ…, sÃ…, asà me parece… la expresión de los ojos de usted…, y también el timbre de su voz…
Ella bajó los párpados un momento y se concentró como si buscara en vano el apresar un recuerdo que se le escapara. Y luego continuó:
—Entonces, ¿usted la conocÃa?
—Yo tenÃa unos amigos cerca de Aspremont, en casa de los cuales la conocà y la vi varias veces. La última vez me pareció más triste todavÃa…, más pálida, y cuando volvÃ…