Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Buenas noches, abuela; mis pequeñas ya deben estar en cama, pero ninguna de ellas sería capaz de dormirse sin que yo la haya besado.
Le tendió la mano al príncipe, diciéndole:
—Una vez más, muchas gracias.
—¿Se marcha usted? —dijo él vivamente.
—Perdóneme. La abuela lo acompañará.
El príncipe se inclinó ante ella y le besó la mano. En el momento de abrir la puerta para salir, ella se volvió y sonrió.
Luego desapareció.
El príncipe oyó el ruido de sus pasos que se alejaban, pero permaneció completamente inmóvil y con el rostro pálido por la emoción.
—Bueno —dijo la anciana—, no has hablado.
—No…
—Ese secreto…
—Más adelante… Hoy…, es extraño…, no he podido.
—¿Te resultaba entonces tan difícil? ¿Acaso no presintió ella que tú eras el desconocido que por dos veces la había llevado?… Bastaba una sola palabra…