Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 El prÃncipe se levantó de su asiento y se puso a pasearse por la estancia. De cuando en cuando su mirada se detenÃa sobre Genoveva, y tal parecÃa que estaba a punto de responder con palabras más precisas a la pregunta que ella le habÃa hecho. ¿Iba a hablar?
La señora Ernemont esperaba llena de angustia la revelación de aquel secreto del cual podrÃa depender la tranquilidad de la joven.
El prÃncipe se sentó cerca de Genoveva, pareció dudar aún, y, luego, por fin, dijo:
—No…, no…, es que se me habÃa ocurrido una idea…, un recuerdo…
—¿Un recuerdo?… ¿Entonces?
—Me he equivocado. Es que en el relato de usted habÃa ciertos detalles que me indujeron a error.
—¿Está usted seguro?
Él dudó una vez más, pero luego afirmó:
—Absolutamente seguro.
—¡Vaya! —dijo ella, defraudada—. Yo habÃa creÃdo adivinar… que usted conocÃa…
No terminó la frase, esperando una respuesta a la pregunta que ella le habÃa formulado, pero sin atreverse a decirla enteramente.
Él se calló. Entonces, sin volver a insistir, ella se inclinó sobre la señora Ernemont, y le dijo: