Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 «Es encantadora… Es tan dulce, tan seria… Son los ojos de su madre, aquellos ojos que me enternecÃan hasta las lágrimas… ¡Dios mÃo! ¡Qué lejos está todo aquello! Y qué hermoso recuerdo…, un poco triste…, pero tan hermoso…».
Y luego, en voz alta, añadió:
—SÃ, en verdad, me ocuparé de su felicidad. E inmediatamente. Desde esta noche. Perfectamente, desde esta noche ella tendrá un novio. Para las muchachas jóvenes ¿acaso no es ésa la propia condición de la felicidad?
* * *
Encontró su automóvil en la carretera principal.
—A casa —le ordenó a Octavio.
Llegado a su casa pidió comunicación con Neuilly, le telefoneó sus instrucciones a aquel de sus amigos a quien él llamaba el Doctor, y luego se vistió para cenar.
Cenó en el cÃrculo de la calle Cambon, pasó una hora en la Ópera y volvió a subir a su coche.
—A Neuilly, Octavio. Vamos a buscar al Doctor. ¿Qué hora es?
—Las diez y media.
—¡Diablos! ¡Apura!