Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Tu vida…, tu vida, que no has sabido emplear. Tu vida, que has malogrado, perdido, destruido, y que yo pretendo rehacer…, yo…, y conforme a un ideal de belleza, de grandeza y de nobleza que te darÃan vértigo, hijo mÃo, si siquiera entrevieses el abismo en que se sumerge mi pensamiento secreto…
HabÃa cogido entre sus manos la cabeza de Gerardo y prosiguió con un énfasis irónico:
—¡Tú eres libre! ¡Nada de ataduras! ¡Ya no tienes que sufrir el peso de tu nombre! Has borrado ese número de matrÃcula que la sociedad habÃa impreso sobre ti como un hierro rojo sobre tu espalda. ¡Eres libre! En este mundo de esclavos en el que cada cual lleva su etiqueta, tú puedes o bien ir y venir desconocido, invisible como si poseyeras el anillo de Gygés…, o bien escoger tu etiqueta, la que te agrade. ¿Comprendes?… ¿Comprendes el tesoro magnÃfico que representas para un artista, para ti mismo si lo quieres? ¡Una vida completamente nueva! Tu vida es la cera que tienes el derecho a modelar a tu gusto, conforme a las fantasÃas de tu imaginación o los consejos de tu razón.
El joven hizo un gesto de cansancio.
—¿Y qué quiere usted que haga yo con ese tesoro? ¿Qué he hecho yo hasta ahora? ¡Nada!
—Dámelo a mÃ.
—¿Y qué podrÃa hacer usted con él?