Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —¡Qué buena cara tiene usted, mi querido Lenormand! ¡Y yo que lo creÃa a usted enfermo y no me atrevÃa a molestarlo!
—Yo no estoy enfermo, señor presidente.
—Entonces esa ausencia era motivada por el enojo… Siempre con ese mal genio.
—Que yo tenga mal genio, señor presidente, lo confieso…, pero que me enoje, no.
—Pero usted se quedó en su casa. Y Lupin se aprovechó de ello para darle la llave de la libertad a sus amigos.
—¿Acaso podÃa yo impedirlo?
—¡Cómo! Pero la artimaña de Lupin ha sido vulgar. Conforme a su procedimiento habitual, anunció antes la fecha de la evasión; todo el mundo lo creyó, se realizó un intento de fuga y ésta no se produjo, y al dÃa siguiente, cuando ya nadie pensaba en ello, ¡zas!, los pájaros volaron.
—Señor presidente —dijo gravemente el jefe de Seguridad—, Lupin dispone de tales medios, que nosotros no estamos en condiciones de impedir lo que él haya decidido. La evasión era segura, matemática. Y yo preferà desentenderme… y dejarle el ridÃculo a los otros.
Valenglay dijo con sorna: