Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 En seguida tuvo la sensación de que cedÃa y que más débil, rehuÃa la lucha y buscaba escurrÃrsele entre los brazos. Con todas sus fuerzas lo sujetó contra su cuerpo, lo dobló en dos y lo tendió sobre el piso.
—¡Ah! Ya te tengo…, ya te tengo —murmuró el jefe de Seguridad, triunfante.
Y experimentaba una singular embriaguez al aprisionar con su abrazo irresistible a aquel criminal terrible, aquel monstruo indomable. Lo sentÃa vivir y temblar, lleno de rabia y desesperado, mezcladas sus dos vidas y confundidas sus respiraciones.
—¿Quién eres? —le preguntó—. ¿Quién eres?… Tendrás que hablar.
Y apretaba el cuerpo de su enemigo con creciente energÃa, pues tenÃa la impresión de que aquel cuerpo iba disminuyendo entre sus brazos, que se esfumaba. Apretó más…, todavÃa más…
Y de pronto tembló de pies a cabeza. HabÃa sentido…, sentÃa una pequeña punzada en la garganta… Exasperado, apretó más aún: el dolor aumentó. Se dio cuenta de que el individuo habÃa conseguido doblar su brazo, deslizar su mano hasta el pecho y esgrimir su puñal. Cierto que el brazo estaba inmovilizado, pero a medida que el señor Lenormand apretaba más fuerte, la punta del puñal penetraba más en la carne a su alcance.