Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Volvió un poco la cabeza para escapar a aquella punta; pero ésta siguió el movimiento y la herida se alargaba.
Dejó de moverse, asaltado por el recuerdo de los tres crÃmenes y por todo lo que representaba de espantoso, de atroz y de fatÃdico esta pequeña aguja de acero que se pegaba a su piel y que se hundÃa ahora también implacablemente…
De pronto soltó su presa y saltó hacia atrás. Luego, rápidamente, intentó reanudar la ofensiva. Era demasiado tarde.
El individuo montaba ya sobre el balcón y saltaba al exterior.
—¡Atención, Gourel! —gritó a sabiendas de que su ayudante estaba allà preparado para recibir al fugitivo.
Se asomó.
Un crujido de guijarros en el suelo…, una sombra entre dos árboles…, el chasquido de la barrera… Y luego, ningún otro ruido… Ninguna intervención.
Sin preocuparse por Pedro Leduc, llamó:
—¡Gourel!… ¡Doudeville!…
No obtuvo respuesta. Reinaba el gran silencio nocturno del campo…