Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 El señor Lenormand prestó cuidados a sus hombres, los hizo acostarse y luego buscó para ver si los asaltantes habían perdido algún objeto o dejado alguna huella. No encontró nada y se acostó.
Por la mañana, Gourel y los Doudeville ya no sentían mucho los efectos de sus descalabraduras, y el jefe ordenó a los dos hermanos que registraran los alrededores. Él se marchó con Gourel a París, a fin de apurar más sus asuntos y dar sus órdenes.
Almorzó en su despacho. A las dos de la tarde recibió una buena noticia. Uno de sus mejores agentes, Dieuzy, había detenido al bajar de un tren que venía de Marsella al alemán Steinweg, el corresponsal de Rodolfo Kesselbach.
—¿Dieuzy está ahí? —preguntó.
—Sí, jefe —respondió Gourel—. Está ahí con el alemán.
—Que me los traigan aquí.
En ese momento recibió una llamada telefónica. Era Juan Doudeville, quien le llamaba desde la oficina de Garches. La comunicación fue rápida.
—¿Eres tú, Juan? ¿Qué hay de nuevo?
—Sí, jefe; el comandante Parbury…
—¿Qué ocurre?