Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Sin duda la mujer había apuntado mal, pues por el otro lado de la capota apareció una cabeza, y el individuo, avistando sin duda el automóvil, descargó sobre el caballo un fuerte latigazo y aquél partió al galope. E inmediatamente un recodo del camino ocultó el vehículo.
En breves segundos, el señor Lenormand terminó la maniobra, aceleró cuesta arriba, pasó sin detenerse frente a la joven y audazmente giró.
Enfrente se extendía un camino de bosque que bajaba, abrupto y rocoso, entre un espeso arbolado y por el que no se podía viajar sino muy lentamente y con las mayores precauciones. Pero ¡qué importaba! Veinte pasos adelante, el coche —una especie de cabriolet de dos ruedas— saltaba sobre las piedras del camino, arrastrando, o más bien retenido, por un caballo que no se arriesgaba sino prudentemente y a pasos contados. Ya no había nada que temer. La huida era imposible.
Y los dos vehículos rodaron de arriba abajo, traqueteando y sacudidos violentamente. Hubo incluso un momento en que estuvieron uno tan cerca del otro, que el señor Lenormand tuvo la idea de echar pie a tierra y correr detrás del coche con sus hombres. Pero presintió el peligro que correría si frenaba por una pendiente tan brusca y continuó rodando, cerrando de cerca al enemigo como a una presa que se tiene al alcance de la mirada…, al alcance de la mano.