Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Ya está, jefe…, ya está… —murmuraban los inspectores, emocionados por lo imprevisto de aquella cacerÃa.
Al fondo de ese camino partÃa otro que se dirigÃa hacia el Sena, hacia Bougival. Sobre terreno llano, el caballo avanzó a un ligero trote, sin apresurarse y manteniéndose por el medio de la vÃa.
Un violento esfuerzo lanzó al automóvil. Más que rodar pareció avanzar a saltos lo mismo que se lanza una fiera, y deslizándose a lo largo del parapeto dispuesto a romper todos los obstáculos, volvió a alcanzar al coche, se puso a su altura y se adelantó a él…
El señor Lenormand lanzó un juramento…, se escuchó un clamor de rabia… El coche estaba vacÃo…
SÃ, el coche estaba vacÃo. El caballo avanzaba pacÃficamente con las riendas echadas sobre el lomo, regresando sin duda al establo de cualquier posada de las cercanÃas, donde habÃa sido alquilado para el dÃa.
Ahogando su cólera, el jefe de Seguridad dijo simplemente:
—El comandante debe de haber saltado en los breves segundos en que perdimos de vista el coche al comienzo de la bajada de la cuesta.
—No nos queda más que registrar el bosque, jefe, y estamos seguros…