Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 EL SEÑOR LENORMAND SUCUMBE
A las seis de la tarde, el señor Lenormand penetraba de nuevo en su despacho de la Prefectura de PolicÃa.
Inmediatamente le preguntó a Dieuzy:
—¿Está ahà el hombre?
—SÃ.
—¿Qué averiguaste de él?
—No averigüé gran cosa. No dice ni una palabra. Yo le dije que conforme a las nuevas órdenes los extranjeros tenÃan obligación de hacer una declaración de residencia ante la Prefectura de PolicÃa, y lo traje aquÃ, a la oficina del secretario de usted.
—Voy a interrogarle.
En ese momento entró un joven empleado, y anunció:
—Hay aquà una señora, jefe, que desea hablar con usted en seguida.
—¿Su tarjeta?
—Aquà está.
—¡La señora Kesselbach! Que entre.
El jefe salió en persona al encuentro de la joven señora y le rogó que se sentara. TenÃa la misma mirada desolada, el mismo aspecto enfermizo y aquel aire de extrema laxitud que revelaban la tragedia de su vida.
