Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Un minuto de silencio… En la paz completa del despacho, entre aquellos muros que habÃan escuchado tantas confesiones, tantas acusaciones, el nombre del criminal, ¿iba o no a sonar? El señor Lenormand tenÃa la sensación de encontrarse al borde de un abismo insondable y desde cuyo fondo una voz subÃa…, subÃa hacia él… Dentro de unos segundos sabrÃa…
—No —murmuró Steinweg—. No, yo no puedo decirlo…
—¿Qué dice usted? —exclamó el jefe de Seguridad, furioso.
—Digo que no puedo.
—Pero ¡usted no tiene derecho a callarse! La Justicia exige que usted lo diga.
—Mañana yo hablaré…, mañana…, es preciso que reflexione… Mañana yo les diré todo lo que sé sobre Pedro Leduc…, todo lo que supongo sobre esta cigarrera… Mañana, yo se lo prometo…
Se adivinaba en él cierta obstinación contra la cual chocaban en vano los esfuerzos más enérgicos. El señor Lenormand cedió, y dijo:
—Sea. Le concedo a usted hasta mañana. Pero le advierto que si mañana usted no habla, me veré obligado a comunicárselo al juez de instrucción.
Llamó al timbre, y llevando al inspector Dieuzy a un lado le dijo: