Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Helo aquÃ… o, mejor dicho, he aquà una reproducción exacta de la cigarrera —dijo Lenormand, entregándosela.
—¿Eh? ¿Qué? —dijo Steinweg, tomando la cigarrera.
La contempló con mirada estúpida, la examinó, le dio vueltas en sus manos en todos sentidos, y, de pronto, lanzó un grito…, el grito de un hombre que se tropieza con una espantosa idea. Y se quedó inmóvil, lÃvido, con las manos temblorosas y los ojos extraviados.
—¡Hable! ¡Hable, pues! —le ordenó el señor Lenormand.
—¡Oh! —exclamó el otro como cegado por la luz—. Todo se explica ahora…
—¡Hable! Pero hable, entonces…
Los rechazó a los dos, se dirigió a las ventanas, titubeando y luego volvió sobre sus pasos, y, arrojándose virtualmente sobre el jefe de Seguridad, le dijo:
—Señor…, señor…, el asesino de Rodolfo…, se lo voy a decir… Bien…
—¿Bien qué? —dijeron los otros.
Se interrumpió.