Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 El señor Lenormand oyó el ruido de un coche y de un caballo.
Lo tendieron sobre tablas. Gourel fue subido cerca de él. El caballo arrancó al trote.
El viaje duró una media hora aproximadamente.
—¡Alto! —ordenó la voz—. ¡Bajadlos! Conductor dale vuelta a la carreta de modo que la parte de atrás quede junto al parapeto del puente… Bien… ¿No se ven barcos por el Sena? Entonces no perdamos tiempo… ¡Ah! ¿Les habéis puesto piedras dentro?
—SÃ, unos adoquines.
—En ese caso, adelante. Encomiende su alma a Dios, señor Lenormand, y ruegue por mÃ, Parbury-Ribeira, más conocido por el nombre de barón de Altenheim. ¿Ya está? ¿Todo está listo? Pues…, buen viaje, señor Lenormand.
El señor Lenormand fue colocado sobre el parapeto del puente. Luego lo empujaron. Sintió que caÃa en el vacÃo, y todavÃa oyó la voz que decÃa con sorna:
—¡Buen viaje!
Diez segundos después le llegaba su vez al brigadier Gourel.