Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Su cabeza habÃa chocado contra algo. Con los brazos extendidos se sostuvo forcejeando hacia arriba contra el obstáculo. Era el batiente de una trampa, y abierta ésta se penetraba en una cueva donde por un respiradero se filtraba la luz de una noche clara.
Levantó el batiente y escaló los últimos peldaños.
Un manto cayó sobre él. Unos brazos lo apresaron. Se sintió como envuelto en un cobertor, metido en una especie de saco y luego amarrado con cuerdas.
—Ahora el otro —dijo una voz.
Debieron de ejecutar una operación similar con Gourel, y luego la misma voz dijo:
—Si gritan, mátalos en seguida. ¿Tienes tu puñal?
—SÃ.
—En marcha. Vosotros dos coged a éste…, y vosotros dos al otro… Nada de luces ni tampoco nada de ruidos… Eso serÃa peligroso. Desde esta mañana huronean en el jardÃn de al lado… Son diez o quince los dedicados a esta faena. Vuélvete al pabellón, Gertrudis, y si ocurre lo más leve telefonéame a ParÃs.
El señor Lenormand tuvo primero la impresión de que lo llevaban cargado, y luego de unos instantes la de que estaban al aire libre.
—Acerca la carreta —ordenó la misma voz.