Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —¿Cómo… que no eres? Tú, cuando menos, eres duque lo mismo que yo soy prÃncipe…, incluso quizá más… Y además, si no lo eres, conviértete en él, ¡diablos! Genoveva solamente puede casarse con un duque. MÃrala… ¿Acaso Genoveva no vale que tú vendas tu alma a cambio de sus hermosos ojos?
Él ni siquiera lo observó, sintiéndose indiferente a lo que pensaba. Se dirigieron a la residencia, y en el fondo de las escaleras apareció Genoveva, graciosa y sonriente.
—¿Ya está usted de regreso? —le dijo al prÃncipe—. ¡Ah! Tanto mejor. Estoy contenta… ¿Quiere usted ver a Dolores?
Después de unos instantes lo hizo pasar a la habitación donde estaba la señora Kesselbach. El prÃncipe quedó sorprendido. Dolores estaba todavÃa más pálida y más demacrada que el último dÃa que él la habÃa visto. Tendida sobre un diván, envuelta en ropas blancas, tenÃa el aspecto de esos enfermos que renuncian a luchar por la vida. En efecto, ya no luchaba más contra el Destino, que la abrumaba con sus golpes.
Sernine la miraba con una profunda lástima y con una emoción que no intentaba disimular. Ella le agradeció la simpatÃa que él le testimoniaba. También habló del barón Altenheim en términos amistosos.
—¿Lo conocÃa usted antes de ahora? —le preguntó él.