Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —De nada vale que cambie su fisonomÃa, su acento y sus maneras… Yo lo descubrà en seguida por el horror que me inspira. Pero no dije nada… hasta que usted regresara.
—¿Tampoco le dijo usted nada a la señora Kesselbach?
—Nada tampoco. Ella parecÃa tan feliz de encontrar a un amigo de su marido… Pero usted sà le hablará, ¿no es asÃ? Usted la defenderá… Yo no sé lo que él prepara contra ella, contra mÃ… Ahora que el señor Lenormand ya no está aquà para protegernos, él no teme a nada, actúa como amo y señor… ¿Quién podrÃa desenmascararlo?
—Yo. Yo respondo de todo. Pero no diga ni una palabra a nadie.
HabÃan llegado frente a la porterÃa.
La puerta se abrió.
El prÃncipe dijo aún:
—Adiós, Genoveva, y, sobre todo, esté usted tranquila. Yo estoy aquÃ.
El prÃncipe cerró la puerta, se volvió y en seguida hizo un ligero movimiento de retroceso.
Frente a él se hallaba con la cabeza erguida, los anchos hombros y la fuerte mandÃbula, el hombre del monóculo, el barón Altenheim.
Se miraron durante unos segundos en silencio. Luego el barón sonrió.