Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Veamos, hijo mÃo; tu oferta es pueril. Desde el momento en que Steinweg está en tus manos si tú deseas mi colaboración es porque no has conseguido hacerlo hablar. De no ser asÃ, no necesitarÃas de mis servicios.
—Entonces, ¿pues?
—Entonces, rechazo tu oferta.
Los dos hombres se irguieron de nuevo implacables y violentos.
—Yo la rechazo —volvió a decir Sernine—. Lupin no tiene necesidad de nadie para actuar. Soy de esos que actúan solos. Si tú fueras mi igual conforme pretendes, jamás se te hubiera ocurrido la idea de una asociación. Cuando se tiene la talla de un jefe, se manda. El unirse serÃa obedecer. Y yo no obedezco.
—¿Te niegas?… ¿Te niegas?… —repitió Altenheim, pálido por el ultraje.
—Lo más que puedo hacer por ti, hijo mÃo, es ofrecerte un lugar en mi banda. De simple soldado para empezar. Bajo mis órdenes verás cómo un general gana una batalla… y cómo se embolsa el botÃn, él solito y sólo para él. ¿Te interesa, pipiolo?
Altenheim rechinaba los dientes fuera de sÃ. Masculló: