Arsenio Lupin - 813

Arsenio Lupin - 813

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—La una y treinta y cinco…, tengo tiempo… ¡Imbécil! ¿Tiempo para hacer qué? ¿Es que acaso sé yo dónde está ella?

Iba y venía como un loco, y su vieja nodriza parecía estupefacta de verle tan agitado, tan poco dueño de sí.

—Después de todo —dijo la anciana—, nada prueba que ella no se haya olido la trampa en el último momento…

—¿Dónde podría estar ella?

—Lo ignoro…, quizá en casa de la señora Kesselbach…

—Es verdad…, es verdad…, tienes razón —exclamó él, lleno de súbita esperanza.

Y corrió hacia la residencia de Retiro.

En el camino, ya cerca de la puerta, encontró a los hermanos Doudeville, que entraban en la garita de los porteros, desde la cual se veía la carretera, lo que les permitiría vigilar desde allí las inmediaciones de la villa Glycines. Sin detenerse siguió derecho al pabellón de la Emperatriz, llamó a Susana y se hizo llevar ante la señora Kesselbach.

—¿Y Genoveva? —preguntó él.

—¿Genoveva?

—Sí. ¿No ha venido aquí?

—No, no ha venido desde hace varios días.

—Pero ella debe venir, ¿no es así?


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