Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —¿Cree usted?
—Estoy seguro. ¿Dónde cree usted que se encuentre? ¿Recuerda usted?…
—De nada vale que yo la busque. Yo le aseguro que Genoveva y yo no estábamos citadas para vernos.
Y súbitamente espantada, añadió:
—Pero ¿no estará usted inquieto por ella? ¿No le ha ocurrido nada a Genoveva?
—No, nada.
Salió. Le habÃa asaltado una idea. ¿Y si el barón Altenheim no estuviera en la villa Glycines? ¿Si la hora de la cita hubiera sido cambiada?
«Es preciso que yo lo vea —se dijo—. Es preciso a todo precio».
Y corrió desordenadamente, sin compostura, indiferente a todo. Pero al llegar frente a la porterÃa recobró instantáneamente su sangre frÃa: habÃa visto al subjefe de Seguridad, que hablaba en el jardÃn con los hermanos Doudeville. Si hubiera tenido su clarividencia habitual, hubiera sorprendido al ligero temblor que agitaba al señor Weber al acercarse a él, pero no vio nada.
—El señor Weber, ¿no es eso? —dijo Sernine.
—SÃ… ¿A quién tengo el honor…?
—Soy el prÃncipe Sernine.
—¡Ah! Muy bien. El señor prefecto de PolicÃa me ha advertido del importante servicio que usted nos va a prestar, señor.