Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Mientras tanto era preciso pensar en la retirada, o bien en la ejecución del proyecto que él habÃa imaginado. Pero el alejarse, aunque sólo fuera un instante, era dejar a Altenheim solo. ¿Y quién podÃa asegurar que el barón no disponÃa de otro medio para escaparse? Esta idea trastornó a Sernine. ¡El barón libre! ¡El barón dueño y señor de volver junto a Genoveva y torturarla!
Estaba maniatado, obligado a improvisar en un segundo un nuevo plan, y hacerlo, además, subordinando todo al peligro que corrÃa Genoveva. Sernine pasó por un momento de indecisión atroz. Con sus ojos fijos sobre los ojos del barón, hubiera querido arrancarle su secreto y marcharse, y ya ni siquiera intentaba convencerle, de tal modo las palabras le parecÃan inútiles. Y, al propio tiempo que continuaba con sus reflexiones, se preguntaba cuáles podÃan ser las que se hiciese el barón, cuáles serÃan sus armas y cuáles sus esperanzas de salvación. La puerta del vestÃbulo, aunque cerrada con fuertes cerrojos y blindada en hierro, comenzaba a ceder. Los dos hombres se hallaban inmóviles frente a esa puerta. Hasta ellos llegaban los ruidos de voces y el sentido de las palabras.
—Pareces muy seguro de ti mismo —dijo Sernine.
—¡Pardiez! —exclamó el otro, echándole una zancadilla que le hizo caer y emprendiendo la fuga.