Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Tuvo un estremecimiento. La trampa que se había vuelto a cerrar y sobre cuyo batiente descargaba todo el peso de ambos combatientes, parecía moverse por debajo de ellos. Se sentían los esfuerzos que desde abajo alguien hacía para levantarla, y el barón debía sentirlos también, pues trataba desesperadamente de apartar de allí el terreno de combate para que la trampa pudiera ser abierta.
«Es el otro —pensó Sernine con el espanto enloquecedor que le causaba aquel ser misterioso—. Es el otro… Si consigue pasar estoy perdido».
Por medio de ademanes insensibles, Altenheim había conseguido desplazarse y trataba de arrastrar de allí a su adversario. Pero éste se enganchaba con sus piernas a las piernas del barón, al propio tiempo que pegado a su piel se las ingeniaba para desprender una de sus manos.
Por encima de ellos sonaron grandes golpes, como golpes de ariete.
«Dispongo de cinco minutos —pensó Sernine—. Dentro de un minuto es preciso que este mocetón…».
Y luego, con voz fuerte, dijo:
—Cuidado, hijo mío. Agárrate bien.
Y pegando las rodillas una a la otra con una energía increíble, le echó una llave. El barón lanzó un aullido. Le había torcido una pierna.