Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Entonces, Sernine, aprovechando el sufrimiento de su adversario, hizo un esfuerzo, desprendió y libertó su mano derecha y le agarró por la garganta.
—¡MagnÃfico! Asà ya estamos mucho mejor, a nuestra conveniencia… No, no te molestes en buscar tu cuchillo…, porque si no te estrangulo como a un pollo. Ya ves, yo guardo las formas… No aprieto demasiado…, sólo lo necesario para que ni siquiera tengas ganas de moverte.
Y al propio tiempo que hablaba, sacó del bolsillo una cuerda muy fina y, con una sola mano y extrema habilidad, le ató las muñecas. Ya sin respiración, el barón no oponÃa resistencia alguna. Con unos cuantos movimientos precisos, Sernine le amarró sólidamente.
—¡Qué formalito eres! ¡Qué felicidad! Ya no te reconozco. Mira, para el caso de que intentaras escaparte, aquà hay un rollo de alambre, con el que voy a completar mi trabajito… Primero, las muñecas… Y ahora, los tobillos… Ya está… Santo Dios, qué amables eres…
El barón se habÃa repuesto poco a poco. Tartamudeó:
—Si no me dejas libre, Genoveva morirá.
—¿De veras?… ¿Y eso cómo?… ExplÃcate.
—Ella está encerrada. Nadie sabe dónde está su encierro. Suprimido yo, morirá de hambre…, como Steinweg.