Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Sernine… SÃ… ¿Qué?
—Sernine… Lenormand…
El señor Weber botó. Una luz súbita le iluminó.
—No, no, eso no es posible —murmuró—. Es una locura.
Observó a su prisionero. Sernine parecÃa divertirse mucho y asistir a aquella escena como un aficionado que goza de ella y que bien quisiera conocer el desenlace.
Agotado, Altenheim habÃa caÃdo de nuevo a lo largo. ¿MorirÃa antes de haber dado la clave del enigma que planteaban sus oscuras palabras? El señor Weber, sacudido por una hipótesis absurda, inverosÃmil, que contra su voluntad le perseguÃa encarnizadamente, se lanzó de nuevo sobre el moribundo, diciéndole:
—ExplÃcanos… ¿Qué hay bajo todo eso?… ¿Qué misterio…?
El otro no pareció comprender, inerte, con los ojos fijos. El señor Weber se tendió en el suelo al lado de él, y pronunció sus palabras claramente, de modo que cada sÃlaba penetrara en el propio fondo de aquella alma que ya estaba ahogándose en las sombras.
—Escucha… He comprendido bien, ¿no es eso? Que Lupin y el señor Lenormand…