Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Necesitó realizar un esfuerzo para continuar, de tal modo la frase le parecía monstruosa. Sin embargo, los ojos tiernos del barón parecían contemplarle con angustia. Palpitante de emoción, cual si pronunciara una blasfemia, terminó:
—Es eso, ¿no es verdad? ¿Estás seguro? ¿Los dos no son más que uno?
Los ojos ya no se movían. Un hilo de sangre asomaba en el ángulo de la boca… Dos o tres hipos… Una convulsión suprema… Y eso fue todo. En la sala baja, repleta de gente, se produjo un largo silencio. Casi todos los agentes que guardaban a Sernine, se habían vuelto, y estupefactos, sin comprender, o negándose a comprender, escuchaban todavía la increíble acusación que el bandido no había podido formular.
El señor Weber tomó la caja encontrada en el paquete de sarga negra y la abrió. Contenía una peluca gris, unos lentes con armazón de plata, una bufanda color marrón, y, en un doble fondo, recipientes de maquillaje y una cajita con menudos bucles de pelo gris…; en una palabra, todos los elementos necesarios para componer la cabeza exacta del señor Lenormand.
Se acercó a Sernine, y después de contemplarle por unos momentos sin decir nada, pensativo, reconstruyendo en la mente todas las fases de la aventura murmuró:
—Entonces, ¿es verdad?