Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Sernine, que no se habÃa desprendido de su calma, replicó:
—La hipótesis no carece de elegancia ni de audacia. Pero, ante todo, dÃgale a sus hombres que me dejen en paz con sus juguetes.
—Sea —aceptó el señor Weber, haciéndole una señal a sus hombres—. Y ahora responde.
—¿A qué?
—¿Eres tú el señor Lenormand?
—SÃ.
De todas partes brotaron exclamaciones. Juan Doudeville, que se encontraba allà mientras su hermano vigilaba la salida secreta…, el propio cómplice de Sernine, le miraba con asombro. El señor Weber, sofocado, se mantenÃa indeciso.
—Eso le desconcierta a usted, ¿eh? —dijo Sernine—. Confieso que es bastante divertido… Dios Santo, lo que usted me ha hecho reÃr algunas veces cuando trabajábamos juntos, usted y yo, el jefe y el subjefe… Y lo más gracioso es que usted lo creÃa muerto a ese valiente señor Lenormand…, muerto como ese pobre de Gourel. Pero no, no, amigo mÃo, el buen hombre vivÃa todavÃa.
Señaló hacia el cadáver de Altenheim.