Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 El señor Weber acudió personalmente acompañado de doce agentes —los mejores de estos hombres, escogidos y armados hasta los dientes—; recogió al temible prisionero en el umbral de su celda y le condujo en un automóvil cuyo chófer era uno de sus hombres. A la derecha e izquierda, por delante y por detrás, iban guardias municipales a caballo.
—¡MagnÃfico! —exclamó Lupin—. Tienen ustedes para mà consideraciones que me emocionan. Nada menos que guardia de honor. ¡Diablos!, Weber, estás dotado del sentido de la jerarquÃa. No olvidas los honores que debes a tu jefe inmediato.
Dándole una palmada en el hombro, añadió:
—Weber, tengo intención de presentar mi dimisión. Te designaré sucesor mÃo.
—Eso ya está casi hecho —replicó Weber.
—¡Qué gran noticia! SentÃa inquietudes respecto a mi fuga. Ahora ya estoy tranquilo. Desde el momento en que Weber sea jefe de los servicios de Seguridad…
El señor Weber no replicó al ataque. En el fondo experimentaba un extraño y complejo sentimiento frente a su adversario, sentimiento constituido por el temor que le inspiraba Lupin y por la deferencia que él tenÃa hacia el prÃncipe Sernine, asà como por la respetuosa admiración que siempre le habÃa testimoniado al señor Lenormand. Todo esto estaba mezclado de rencor, de envidia y de odio satisfecho.