Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 De este modo, al propio tiempo que ocupaba sus manos en un ejercicio maquinal y que distendÃa sus músculos por medio de flexiones mecánicas, Lupin no dejaba de meditar en sus asuntos.
Escuchó el crujido de los cerrojos y el ruido de la cerradura…
—¡Ah, es usted, mi excelente carcelero! ¿Se trata, acaso, del aseo supremo, del corte de pelo que precede al gran corte final de la guillotina?
—No —dijo el hombre.
—¿Se trata, entonces, de la instrucción del sumario? ¿El paseo al Palacio de Justicia? Me sorprende, pues el bueno del señor Formerie me advirtió últimamente que de ahora en adelante, y por prudencia, me interrogarÃa en mi propia celda… Lo que, confieso, obstaculiza mis planes.
—Es una visita para usted —dijo el hombre con tono lacónico.
«Ya está», pensó Lupin.
Y luego, dirigiéndose al locutorio, se dijo:
«Maldita sea. Si se trata de quien yo creo, soy un tipo magistral. En cuatro dÃas, y desde el fondo de mi calabozo, haber puesto en marcha todo este asunto, constituye un golpe maestro».