Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Y yo no debo dejarle a usted en libertad sino a cambio de la entrega de esos papeles.
—Es una cuestión de confianza, señor. Yo me hubiera creÃdo igualmente comprometido a entregar esos papeles, si me hubieran dejado en libertad al salir de la prisión, y su majestad puede estar seguro que yo no me los hubiera llevado bajo el brazo. La única diferencia es que esos papeles estarÃan ya en vuestro poder, señor. Porque hemos perdido un dÃa. Y un dÃa en este asunto… es un dÃa de más… Solamente lo que hace falta es tener confianza.
El emperador miraba con cierto estupor a aquel hombre al margen de la sociedad, aquel bandido que parecÃa sentirse vejado porque se desconfiase de su palabra.
El emperador, sin responder, llamó a un timbre.
—Que venga el oficial de servicio —ordenó.
Apareció el conde Waldemar, muy pálido.
—¡Ah!, ¿eres tú, Waldemar? ¿Ya estás mejor?
—A sus órdenes, señor.
—Toma contigo cinco hombres…, los mismos, puesto que tienes seguridad en ellos. Y no pierdas de vista a este… señor, hasta mañana por la mañana.
Consultó su reloj.