Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 LOS SIETE BANDIDOS
La señora puede recibirle?
Dolores Kesselbach tomó la tarjeta que le tendÃa la sirvienta y leyó: Andrés Beauny.
—No —respondió—. No le conozco.
—Ese señor insiste mucho, señora. Dijo que la señora espera su visita.
—¡Ah!, quizá…, en efecto…, pásele aquÃ.
Después de los acontecimientos que habÃan trastornado su vida y que le habÃan herido con ensañamientos implacable, Dolores, tras haber pasado una breve temporada en el hotel Bristol, acababa de instalarse en una tranquila casa de la calle Vignes, al fondo de Passy.
Un bello jardÃn se extendÃa por la parte posterior, encuadrado de otros jardines frondosos. Cuando unas crisis más dolorosas no la obligaban a encerrarse dÃas enteros en su dormitorio con las ventanas herméticamente cerradas, invisible para todos, Dolores se hacÃa llevar bajo los árboles y permanecÃa allà tendida, melancólica e incapaz de reaccionar contra el triste Destino.
La arena del camino crujió de nuevo, y, acompañado por la sirvienta, apareció un hombre joven, de aspecto elegante, vestido con sencillez, al estilo un poco anticuado de ciertos pintores, con el cuello bajo y corbata flotante de puntos blancos sobre el fondo azul marino.
La sirvienta se alejó.
