Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —En cuanto a mÃ, es preferible que no me vean aquÃ…, sÃ, es preferible… por usted. Mis hombres me tendrán al corriente de todo.
Intentó decir algo más, quedarse, sentarse allà junto a ella y consolarla. Pero tuvo la impresión de que ya habÃa dicho todo cuanto tenÃa que decirse y que una sola palabra más, pronunciada por él, constituirÃa un ultraje.
Entonces la saludó en voz baja y se retiró.
Cruzó el jardÃn con paso vivo, con prisa por encontrarse fuera de allà y dominar su emoción. La sirvienta le esperaba en el umbral del vestÃbulo. En el momento en que franqueaba la puerta de la calle, alguien llamaba allà al timbre. Era una joven…
Se estremeció, y dijo:
—¡Genoveva!
Ella clavó sus ojos en él con expresión de asombro, e, inmediatamente, aunque sorprendida por la extrema juventud que brillaba en aquella mirada, ella le reconoció, causándole tal turbación que se sintió desfallecer y hubo de apoyarse contra la puerta.
Él se habÃa quitado el sombrero y la contemplaba sin atreverse a tenderle la mano. ¿Le tenderÃa ella la suya? Él ya no era el prÃncipe Sernine…, era Arsenio Lupin… Ella sabÃa que él era Arsenio Lupin y que salÃa de la prisión.