Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Un mayordomo, correcto pero desdeñoso, tomó nota del pedido en un carnet que sostenÃa en la mano. Lupin pidió los platos con una minucia y un arte selectivo de fino gastrónomo.
—En verdad —dijo—, la comida de la prisión era aceptable; pero, a pesar de ello, constituye un placer el disfrutar de una comida selecta.
Comió con buen apetito y en silencio, limitándose, sin embargo, a pronunciar de cuando en cuando alguna breve frase que indicaba la trayectoria de sus preocupaciones.
—Evidentemente, eso se arreglará…, pero será difÃcil… ¡Qué adversario!… Lo que me sorprende es que, después de seis meses de lucha, yo ni siquiera sepa qué es lo que él quiere… El cómplice principal ha muerto, estamos al término de la batalla; pero, no obstante, no veo más claro su juego… ¿Qué busca ese miserable?… En lo que a mà se refiere, mi plan está claro: echar la mano al gran ducado, poner en el trono a un gran duque designado por mÃ, darle a Genoveva como esposa… y reinar. He aquà algo completamente limpio, honrado y leal. Pero él, ese innoble personaje, esa larva de las tinieblas, ¿qué objetivo quiere alcanzar?
Llamó:
—Mozo.
El mayordomo se acercó.
—¿Qué desea el señor?