Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Cinco minutos después habÃa regresado, y en pie ante la mesa, con la espalda vuelta al restaurante, haciendo como si discutiera con los clientes sobre la calidad de los cigarros, dijo:
—¿Y entonces? ¿De qué se trata?
Lupin alineó sobre la mesa unos cuantos billetes de cien francos.
—A todas las respuestas precisas a mis preguntas te corresponderán otros tantos billetes.
—Me interesa.
—Comienzo. ¿Cuántos estabais con el barón de Altenheim?
—Siete, sin contarme yo.
—¿No habÃa más?
—No. Solamente una vez se contrataron también unos obreros de Italia para construir los subterráneos de la villa de las Glicinas, en Carches.
—¿HabÃa dos subterráneos?
—SÃ; uno conducÃa al pabellón Hortensia, y el otro desembocaba en el primero y tenÃa la entrada por debajo del pabellón de la señora Kesselbach.
—¿Qué pretendÃas?
—Secuestrar a la señora Kesselbach.
—Y las dos sirvientas, Susana y Gertrudis, ¿eran cómplices?
—SÃ.
—¿Dónde se encuentran ahora?