Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Ya ves, aquà estamos a solas…, podemos hablar.
—¿Quién es usted? ¿Quién es usted?
—¿No me recuerdas, acaso? Sin embargo, recuerda el famoso almuerzo en la villa Dupont… Fuiste tú mismo, viejo pÃcaro, quien me ofreció el plato de pasteles envenenados…, ¡y qué pasteles!…
—¡El prÃncipe!…, ¡el prÃncipe! —balbució el otro.
—SÃ, el prÃncipe Arsenio, el prÃncipe Lupin en persona… ¡Ah, ya respiras!… Te estás diciendo que nada tienes que temer de Lupin, ¿no es asÃ? Pues es un error, amigo mÃo, porque tienes que temerlo todo de él.
Sacó del bolsillo una tarjeta y se la mostró.
—Mira, aquà tienes; ahora soy de la PolicÃa… Qué quieres hacerle, es siempre asà cómo terminamos nosotros…, nosotros, los grandes señores del robo, los emperadores del crimen.
—¿Qué quiere usted? —dijo el mayordomo, cada vez más inquieto.
—Ahora quiero que vayas a atender aquel cliente que te está llamando allÃ. Cuando le hayas servido, vuelve aquÃ. Y, sobre todo, nada de bromas; no intentes largarte. Tengo diez agentes que están ahà fuera y que tienen los ojos puestos en ti. Anda, vete.
El mayordomo obedeció.