Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —«La pólvora seca y la espada afilada», como dice mi amigo el Kaiser… ¡Octavio!
Octavio acudió.
—Vete a cenar al castillo con los criados. Anúnciales que te vas esta noche a ParÃs en el automóvil.
—¿Con usted, jefe?
—No, solo. Y tan pronto hayas terminado de cenar, partirás, en efecto, ostensiblemente.
—Pero ¿no iré a ParÃs?
—No, esperarás fuera del parque, en la carretera, a un kilómetro de distancia… Hasta que yo llegue. Esto va a durar mucho.
Fumó otro cigarrillo, se paseó, pasó delante del castillo, vio luz en las habitaciones de Dolores y luego regresó al chalet.
Allà tomó un libro. Era las Vidas de hombres ilustres.
—Aquà falta una, y es la más ilustre —dijo—. Pero el porvenir está ahÃ, y pondrá las cosas en su punto. Y me pondrán aquà como a Plutarco un dÃa cualquiera.
En el libro leyó la Vida de César, y anotó al margen de las páginas algunos pensamientos.
A las once y media subió.