Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Por la ventana abierta se inclinó hacia la noche inmensa, clara y sonora, temblorosa de ruidos confusos. A su mente acudieron recuerdos… Recuerdos de frases de amor que había leído o había oído pronunciar, y repitió varias veces el nombre de Dolores con el fervor de un adolescente que apenas se atreve a confiar al silencio el nombre de su bien amada.
«Vamos, preparémonos», se dijo.
Dejó la ventana entreabierta, apartó un velador que estorbaba el paso y colocó sus armas debajo de la almohada. Luego, tranquilamente, sin la menor emoción, se metió en la cama completamente vestido y apagó de un soplo la vela.
Y el miedo comenzó.
Fue inmediato. Desde que las sombras le envolvieron, comenzó el miedo.
—¡Maldita sea! —exclamó.
Saltó de la cama, tomó las armas y las arrojó al pasillo.
—Con mis manos sólo, con mis manos sólo. Nada vale tanto como la presión de mis manos.
Se acostó. De nuevo las sombras y el silencio. Y de nuevo el miedo, el miedo socarrón, lacerante, invasor…
En el reloj de la aldea sonaron doce campanadas…