Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Lupin pensó en aquel ser inmundo que allà abajo, a cien metros, a cincuenta metros de él, se preparaba, probaba la punta aguda de su puñal.
—Que venga…, que venga —murmuraba, tembloroso—. Y los fantasmas se desvanecerán…
En el reloj de la aldea sonó ahora la una.
Y transcurrÃan los minutos…, minutos interminables, minutos de fiebre y angustia… En la raÃz de sus cabellos brotaban gotas de sudor que corrÃan por su frente, y tal le parecÃa que aquél era un sudor de sangre que le bañaba por entero…
Las dos…
Y entonces, en alguna parte, muy cerca, vibró casi imperceptible un ruido, un ruido de hojas removidas… Un ruido que no era en modo alguno el de las hojas que remueve el viento de la noche…
Cual Lupin habÃa previsto, se produjo en él instantáneamente una inmensa calma. Toda su naturaleza de gran aventurero trepidaba de alegrÃa. Era, al fin, la lucha.
Se oyó otro ruido más claro bajo la ventana, pero todavÃa débil, al extremo que era preciso poseer el agudo oÃdo de Lupin para percibirlo.
TranscurrÃan los minutos, minutos espantosos…, la sombra era de un negro macizo. No penetraba en ella la claridad de una estrella o de la luna.