Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 LA MUJER QUE MATA
En el cerebro de Lupin se desencadenó como un huracán, un ciclón en el que el estrépito del trueno, las oleadas de viento, las ráfagas de elementos enloquecidos, se desencadenan tumultuosamente en una noche de caos.
Grandes relámpagos azotaban las sombras. Y a la luz fulgurante de esos relámpagos, Lupin, desconcertado, sacudido por estremecimientos, convulsionado de horror, veía y trataba de comprender.
No se movía, aferrado a la garganta del enemigo, cual si sus dedos entumecidos no pudieran ya soltar más su presa. Por otra parte, aunque ahora ya supiera, no tenía, por así decir, una impresión exacta de que aquel ser fuese Dolores. Era todavía el hombre de negro, Luis de Malreich, la bestia inmunda de las tinieblas; y esa bestia él la tenía en su poder y no la soltaría.
Pero la verdad se lanzaba al asalto de su espíritu y de su conciencia, y vendido, torturado de angustia, murmuró:
—¡Oh, Dolores!… ¡Dolores!…
Inmediatamente comprendió la excusa: la locura.