Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Y con la misma habilidad, ella se comunicaba por teléfono con sus dos sirvientas, Gertrudis y Susana, las cuales acababan de llegar de Montecarlo, donde una de ellas había desempeñado el papel de su propia ama. Y Dolores, volviendo a vestir sus ropas femeninas, desprendiéndose de la peluca rubia que la hacía irreconocible, descendía a la planta baja, se reunía a Gertrudis en el momento en que ésta penetraba en el hotel, y afectaba estar llegando ella misma también y fingiendo ignorar todavía la desgracia que la esperaba.
Actriz incomparable, representaba el papel de esposa cuya existencia ha quedado destrozada. Se la compadecía. Se lloraba por ella. ¿Quién lo hubiera sospechado?
Y entonces comenzó la guerra con él, Lupin; aquella guerra bárbara, aquella guerra inaudita que ella sostuvo alternativamente contra el señor Lenormand y contra el príncipe Sernine, pasando el día en su otomana, enferma y desfalleciente, para luego, por la noche, en pie, correr por los caminos, incansable y aterradora.
Eran las combinaciones infernales. Gertrudis y Susana, cómplices aterradas y domadas, le servían una y otra de emisarios, disfrazándose quizá como ella, cual ocurrió el día en que el viejo Steinweg fue secuestrado por el barón Altenheim, en pleno Palacio de Justicia.