Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Era toda una serie de crÃmenes. Era Gourel ahogado. Era Altenheim, su hermano, apuñalado. ¡Oh!, y aquella lucha implacable en los subterráneos de la villa de las Glicinas. El trabajo invisible del monstruo en la oscuridad… ¡Cómo aparecÃa ahora claro todo aquello!…
Y habÃa sido ella quien le habÃa arrancado a Lupin su máscara de prÃncipe, ella quien le habÃa denunciado, ella quien le habÃa arrojado dentro de la prisión, ella quien habÃa hecho fracasar todos sus planes, gastando millones para ganar la batalla.
Y luego los acontecimientos se precipitaron. Susana y Gertrudis habÃan desaparecido… Muertas, sin duda. Steinweg, asesinado. Isilda, la hermana, asesinada.
—¡Oh, qué ignominia, qué horror! —balbució Lupin con un sobresalto de repugnancia y de odio.
Execraba a aquella abominable criatura. Hubiera querido aplastarla, destruirla. Aquellos dos seres, aferrados uno a otro, resultaban desconcertantes, yaciendo inmóviles bajo la palidez del alba que comenzaba a mezclarse a la sombra de la noche.
—¡Dolores!… ¡Dolores!… —murmuró él con desesperación.
Saltó hacia atrás, estremecido de terror y con los ojos desorbitados. ¿Qué? ¿Qué ocurrÃa? ¿Qué era aquella innoble impresión de frÃo que le producÃan las manos?