Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 EL SUICIDIO
A caballo! —ordenó el emperador. Y luego añadió—: O mejor, a lomos de asno —al ver el magnífico jumento que le traían—: Waldemar, ¿estás seguro de que este animal es dócil?
—Respondo como de mí mismo, señor —afirmó el conde.
—En ese caso, estoy tranquilo —contestó el emperador en forma mecánica.
Y volviéndose hacia su escolta de oficiales, agregó:
—Señores, a caballo.
Había allí, en la plaza principal de la aldea de Capri, una muchedumbre contenida por los carabineros italianos y en medio de la cual se encontraban todos los asnos de la región, requisados para la visita del emperador a aquella isla maravillosa.
—Waldemar —dijo el emperador, poniéndose a la cabeza de la caravana—: ¿por dónde empezamos?
—Por la villa de Tiverio, señor.
Pasaron bajo un arco y luego siguieron por un camino mal pavimentado que se elevaba poco a poco sobre el promontorio oriental de la isla.
El emperador se sentía de mal humor y se burlaba del colosal conde de Waldemar, cuyos pies arrastraban por el suelo de cada lado del desventurado asno, al que aplastaba con su peso.
